hombre irracional

Hombre irracional (2015)

11 julio, 2017

El hombre irracional es filósofo. Uno de prestigio llamado Abe Lucas (Joaquin Phoenix). Un recién llegado a la Universidad para dar un seminario a estudiantes que todavía no perdieron el entusiasmo por aprender. Lucas, para ese propósito, ya está de vuelta. La vida, la profesión, el tiempo perdieron el sentido que alguna vez tuvieron.

La ética y la moral, las dificultades en la relaciones, la vida y la muerte, atraviesan el drama de fondo con tintes de humor y a la vez con tristeza. O desazón. Claro que con eso solo decimos que se trata de una película más de Woody Allen.

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La particularidad de Hombre irracional tampoco está en que la mujer elegida sea Emma Stone (encarnada en Jill), no sólo porque ya había protagonizado la anterior del director (Magia a la luz de la luna) sino porque también es tan bella como cada una de las mujeres de toda su filmografía.

Tampoco resalta la estética de los colores en un escenario prolijo, entre casas de familias y una universidad de personas, para decirlo de un modo también prolijo, sin preocupaciones económicas. Allen, si miramos a contrapelo, no suele poner al dinero en sus historias como faltante, sino más para decir que los problemas éticos y morales -también- están presentes en quienes no entienden sobre el fin de mes.

Lo que rompe esa especie de normalidad visible es un detalle desprolijo: la cicatriz en el labio de Lucas. Y que lo primero que hace al llegar a la universidad, mientras le muestran el predio y la que será su casa, es tomarse un trago del whisky que lleva en una petaca dentro de su saco. Lo que rompe es Lucas, que con rapidez se convierte en rumor entre los profesores, en el pueblo universitario.

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Jill es, además de hermosa, una estudiante ejemplar y también una brillante pianista. Hija predilecta, novia comprensiva. Con Lucas en sus clases todo eso se sacude, claro. A medida que más se acercan, se obsesiona con él. Por la inteligencia, por la historia de la vida que le cuenta, por la forma de reflexionar (“La ansiedad es el vértigo de la libertad”, se lo escucha decir en uno de los breves repasos que se hace en sus clases hablando, esa vez, sobre Kierkegaard), de vivir el drama existencial que tiene encima, por la tristeza infinita que muestra en cada trago que lo embriaga. Esa obsesión se mete en su familia y con su pareja de tantos años, se mete en los sueños que tenía hasta antes de que Abe llegara, se mete también en su futuro.

La trama no aborda, como podría ser en cualquier universidad pública argentina, el bardo que sería que el profesor se acueste con una de sus alumnas. Eso solo le importa a otra profesora que también se acuesta con Abe. El nudo de la trama está en la filosofía aplicada. O al menos así es como entiende Abe que tiene que actuar frente a un dilema ético y moral que se le aparece por azar para devolverle el sentido de la vida, en la que pone como guía al Dostoievski de Crimen y Castigo. Y ahí otra vez, además de la ética y la moral, las dificultades en las relaciones -la de Jill y Abe y las que se ramifican desde ellos-, la vida y la muerte, y también la justicia. En fin, la filosofía en cada uno de esos rincones, con drama, sin suspenso, con pizcas de humor y bastante desazón, resignación o tristeza, en las capas finas con las que Allen crea y cubre a sus personajes.

Hombre irracional es una más de la larga lista de películas en las que Woody Allen pone de cómplice a quien las mira en medio de sus dilemas sobre la existencia. En esta nos hace preguntar quién merece vivir (o morir). No más, no menos. Además, dura poco más de una hora y media, y está en Netflix.

 

FICHA TÉCNICA

Año: 2015
País: Estados Unidos
Duración: 96 mins.
Reparto: Emma Stone, Joaquin Phoenix, Jamie Blackley y Parker Posey
Dirección: Woody Allen

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