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Mad Men (2007)

11 julio, 2017

Tal vez suene exagerado, pero lo diremos igual: los ’60 parieron el mundo de hoy. Redunda en el hartazgo la cita de aquella canción de Solari diciendo que fueron tres putos años, no más. Fueron diez. Tal vez más si como principio de la década histórica que nos parió ponemos a la Revolución Cubana del primer día de 1959. ¿O acaso no alcanzó con notar la decadencia mostrada entre El Padrino II con el estallido del año nuevo en La Habana y El Padrino III con la podredumbre del Vaticano y la falta de código en las mafias? Las dos películas de Coppolla se llevan esos diez años de diferencia.

Un rápido surtido de todo aquello: La elección de Kennedy y su posterior asesinato; Marilyn Monroe; Los Beatles y Los Rolling; Vietnam; la llegada a la luna; la caliente guerra fría entre EEUU y la URSS; el Ku Klux Klan, Malcom X y el sueño de Martin Luther King; la mujer en la vida pública; el cigarrillo para todos y todas; el alcohol para todos y todas; el capitalismo ganando terreno; Hoteles Hilton; Hollywood; la marihuana y el LSD; Coca Cola; el cáncer sin cura; el hippismo; y la promoción de todo eso: la publicidad. A la vez de que vendían que en el comunismo hacían “propaganda ideológica”, en el corazón del capitalismo vendían tabaco o medias de mujer para un mercado sin escrúpulos en expansión. “La publicidad se base en una sola cosa: la felicidad”, dice Donald Draper (Jon Hamm) en el primer capítulo convenciendo a Lucky Strike.

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Para contar ese fragmento de la historia de la publicidad (en el que se pasa de los dibujos a las fotos, de las tintas a mano a las gigantes computadoras IBM) y su maquinaria desde adentro, apareció Mad Men en 2007. También, claro, para decir que todavía se podía seguir hablando sobre la década que parió al mundo a través de los ”mad men”, término surgido en los ’50 por los publicistas que trabajaban en Madison Avenue, en New York, para referirse a sí mismos.

La serie inicia en las oficinas de la agencia de publicidad Sterling Cooper. El nombre ese mutará por los socios que irán surgiendo. El hombre en el que la cámara se centra es en Donald Draper. Don, para la mayoría. Él es el creativo, el admirado por todos, el que se gana el odio y el amor de quienes lo tratan. La historia personal lo desborda casi minuto a minuto, por todo eso que muestra al mundo, por las virtudes con las que domina la situación que desea y por los defectos que lo dominan a él. Capaz de vender un comercial al mismísimo Hilton y a la vez aparecer perdido por alguna borrachera en una cama cualquiera.

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Pero no sólo Don protagoniza esta serie. La primera mujer Betty Draper (January Jones) o la segunda Megan Calvet (Jessica Paré), la secretaria que se convierte en creativa de la agencia Peggy Olson (Elisabeth Moss), la preponderante mujer que domina todo Joan Holloway (Christina Hendricks), el comerciante Peter Campbell (Vincent Kartheiser) o los socios fundadores Bertram Cooper (Robert Morse) y Roger Sterling (John Slattery), entre tantos otros, no sólo están lejos de ser complementos en la trama, sino que fueron creados con una enorme profundidad en sus propios dramas y traumas, en los mundos que los hacen defender o mantener o atacar el lugar en el que se ubican.

Cada uno de esos personajes crece capítulo a capítulo, ramificando la serie como se complejiza la vida. Con hijos o hijas, historias en paralelo del pasado y del presente, mucho sexo cruzado, infelidades de todo tipo y cada quien con sus propios sentidos en un mundo en el que todos reclaman protagonismo y en el que nadie quiere perder su pedazo de la torta. Las tensiones entre lo público y lo privado no terminan por resolverse jamás. Ni siquiera con las muertes que enlutecen el aire que se respira en esas pantallas.

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Cada plano se construye con tantas capas como los personajes. Nada está al azar, nada se descuida. Don y Roger hablan en primer plano y atrás se ve una secretaria seducida por Pete. Nadie pierde el tiempo. Los gestos, las miradas, los silencios. Y también están de fondo, en los rumores y no en directo, las marchas en las calles, el clima político nacional e internacional, el mundo partido en dos, las ideas en plena batalla. Todo atravesado por las drogas que exaltan, los vasos siempre llenos y con hielo, las puertas que se abren en una oficina mientras que en la otra se cierran, las canciones del rock naciente, del jazz, del blues, los subsuelos de los bares, las fiestas y el descontrol propio de algunos. Todo el ruido de una época que todavía no se calla, que todavía cuela discusiones entre las grietas.

7 temporadas, 92 capítulos. Una serie con todo el estilo del corazón dominante de New York, para contar la historia que vio nacer el mundo extraño en el que vivimos hoy. Con todos los dramas que sacudieron casas de gobierno, casas matrices o casas de familia, a lo largo de la década sobre la que nadie puede quedarse callado. Tal vez porque fue ahí que la humanidad aprendió a hablar el idioma que hablamos hoy, ese de que todo se vende y se compra, con todo lo que eso significa.

 

FICHA TÉCNICA

Año: 2007
País: Estados Unidos
Duración: 7 temporadas
Director creador: Matthew Weiner
Reparto: Jon Hamm, January Jones, Megan Calvet, Elisabeth Moss, Christina Hendricks, Vincent Kartheiser, Robert Morse, John Slattery.

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